Web Corporativa – Diseño Web Tarragona
La mayoría de webs corporativas de la provincia están bien hechas y no sirven para nada. Cargan, se ven bonitas, tienen su apartado de «Quiénes somos»… y no generan ni una llamada al mes. El problema casi nunca es el diseño: es que nadie decidió qué tenía que conseguir esa web.
Soy Eli, de El Estudio Web. Hago webs para negocios de servicios de Tarragona y alrededores: gestorías, clínicas, despachos de abogados, arquitectos, empresas de reformas, talleres, instaladores, formadores. En esta guía te cuento qué es de verdad una web corporativa, qué páginas necesita, los errores que veo una y otra vez cuando alguien me pide presupuesto para rehacer la suya, y cómo saber si la tuya está funcionando o solo está ahí.
No hace falta que me contrates para aprovecharlo. Si vas a hacerla tú o con otra persona, esto te sirve igual.
Qué es una web corporativa (y qué no es)
Una web corporativa es la web de un negocio que vende servicios, no productos de carrito. Su trabajo no es cobrar: es conseguir que alguien que no te conoce te llame, te escriba o rellene un formulario. Todo lo demás (el diseño, las fotos, los textos) está al servicio de eso.
Es la web que necesitas si tu venta empieza con una conversación: un presupuesto, una visita, una primera consulta. Si en cambio quieres que la gente meta cosas en un carrito y pague sin hablar contigo, eso es otra cosa y se construye distinto (lo tienes en la guía de tienda online). Y si vendes formación con acceso privado y pagos recurrentes, tampoco es esto.
Lo que no es una web corporativa: un folleto en pantalla. Ese es el modelo mental que arruina la mitad de los proyectos. Se piensa la web como un catálogo digital que hay que tener «porque toca», se rellena con texto institucional y se publica. Y luego uno se pregunta por qué no pasa nada. No pasa nada porque el folleto no pide nada.

Lo que ocurre en los 90 segundos que alguien pasa en tu web
Merece la pena entender cómo llega la gente, porque explica casi todas las decisiones que vienen después.
Alguien tiene un problema. Busca en Google desde el móvil, normalmente de pie o entre dos cosas. Abre tres pestañas: la tuya y las de dos competidores tuyos. En cada una hace lo mismo, casi sin pensarlo: comprueba en cinco segundos si has entendido su problema, mira si pareces de fiar, busca cuánto puede costarle y busca cómo contactar. Si en alguno de esos cuatro pasos se atasca, cierra y sigue con la siguiente pestaña. No vuelve.
Fíjate en que en ningún momento ha pensado «qué web más bonita». La estética influye, pero solo en la parte de «pareces de fiar». El resto se juega en lo que dices y en lo fácil que se lo pones.
Por eso una web corporativa se diseña de fuera hacia dentro: primero decides qué duda trae esa persona, luego qué le tienes que responder y en qué orden, y solo al final cómo se ve. Al revés se hacen webs muy resultonas que no convierten.
Qué páginas necesita de verdad una web corporativa
Menos de las que crees, y a la vez más de las que sueles tener. La mayoría de webs pequeñas tienen cuatro páginas cuando necesitan ocho, y las ocho que necesitan no son ninguna de las cuatro que tienen.
Inicio
Tiene un solo trabajo: que en cinco segundos se entienda qué haces, para quién y dónde. Suena obvio y es lo que más falla. «Soluciones integrales para tu empresa» no dice nada; «Gestoría para autónomos y pequeñas empresas en Tarragona» sí. Debajo, un resumen de tus servicios con enlace a cada uno, tres pruebas de que existes (clientes, años, reseñas, casos) y una forma clara de contactar. Nada más.
Una página por servicio
Esta es la pieza que más cambia los resultados y la que casi nadie tiene. Si haces cinco cosas, necesitas cinco páginas, no una página «Servicios» con cinco párrafos dentro. Motivos: la gente no busca «servicios», busca «asesoría laboral en Tarragona» o «cambio de bañera por plato de ducha»; y Google posiciona páginas concretas, no listas.
Cada una de esas páginas responde a lo mismo: qué problema resuelve, para quién es, qué incluye exactamente, cuánto suele costar o de qué depende, cuánto tarda, y qué pasa si te contrata. Si además trabajas en varios municipios, algunos servicios merecen su versión por zona. Eso ya entra en terreno de SEO local, pero la estructura se prepara desde el día uno.
Sobre mí o Equipo
La segunda página más visitada de casi cualquier web corporativa, y la peor escrita. La gente entra ahí para decidir si se fía de ti, no para leer la historia de la empresa desde 1998. Cara visible, nombre, formación real, cuánto lleváis, cómo trabajáis. Fotos de verdad: se nota muchísimo cuando la del «equipo» es de banco de imágenes, y lo que transmite es exactamente lo contrario de lo que buscabas.
Trabajos, casos o resultados
Lo que has hecho vale más que lo que dices que sabes hacer. No hace falta un porfolio de agencia: cuatro casos contados en cinco líneas cada uno (situación, qué hiciste, qué pasó) convencen más que cualquier adjetivo. Si tu sector no te deja enseñar clientes, sirven testimonios, reseñas reales o cifras genéricas.
Contacto
Teléfono pulsable, WhatsApp si lo usas, email, dirección con mapa si recibes visitas y horario real. El formulario, corto: cada campo que añades baja el número de envíos. Nombre, forma de contacto y «cuéntame qué necesitas» suele bastar. Y dile a la gente qué va a pasar después: «te contesto el mismo día laborable» reduce muchísimo el miedo a escribir.
Y luego, lo que casi nunca está
- Preguntas frecuentes. Las diez dudas que te repiten por teléfono. Ahorran llamadas inútiles y posicionan solas.
- Páginas legales. Aviso legal, privacidad y cookies. No es opcional, y una web de empresa sin ellas es una multa esperando.
- Blog, solo si vas a escribir. Un blog con dos entradas de hace tres años resta credibilidad. Si no vas a mantenerlo, mejor no ponerlo.
Los siete errores que veo en casi todas las webs que me piden rehacer
- Hablar de ti en lugar de hablarle a él. «Somos una empresa joven y dinámica con vocación de servicio» no responde a ninguna pregunta que traiga el visitante. Cámbialo por lo que resuelves y a quién.
- Esconder el precio del todo. No hace falta publicar tarifas, pero sí orientar: «desde», «depende de estos tres factores», «una obra de este tipo suele moverse en esta horquilla». Quien no encuentra ninguna pista se va a la web que sí se la da.
- Un solo botón de contacto, y abajo del todo. La gente decide en momentos distintos. Debe poder llamarte desde cualquier página sin buscar.
- Textos escritos para quedar bien. Si al leer tu web en voz alta te suena a discurso de inauguración, reescríbela. Se vende mejor explicando las cosas como se las explicarías a un cliente sentado enfrente.
- Móvil de segunda. La mayoría de tus visitas entran desde el móvil. Si el menú se rompe, el teléfono no es pulsable o el formulario obliga a hacer zoom, has perdido a la mayoría antes de empezar.
- Lentitud. Fotos de cuatro megas subidas tal cual desde el móvil, un carrusel de inicio que pesa más que toda la web y una colección de plugins que nadie recuerda para qué eran.
- Ninguna medición. Sin saber cuánta gente entra, por dónde y qué hace, cualquier decisión es una corazonada. Y si la web no aparece en Google, hay causas concretas y comprobables: lo desarrollo en esta guía.
¿WordPress, plantilla o web a medida?
Es la pregunta que todo el mundo hace y la que menos importa al principio. Pero como vas a tener que decidir, te lo cuento sin vender moto.
Un creador tipo Wix o Squarespace te saca del apuro rápido y barato. A cambio, la web vive dentro de su casa: si suben el precio o cambian las reglas, poco puedes hacer, y mudarla más adelante significa rehacerla. Para empezar y validar, puede valer. Para un negocio que ya factura, se queda corto.
WordPress es el estándar por una razón: es tuyo, lo maneja mucha gente y hace de todo. Su lado flaco es el mantenimiento. Cada plugin es una pieza más que actualizar, y las webs pequeñas que se caen no las ataca nadie a propósito: caen en barridos automáticos que buscan versiones viejas. WordPress bien montado, con pocos plugins y actualizado, va perfecto. Abandonado dos años, es un problema esperando fecha.
Una web a medida, servida estática, es lo que suelo recomendar para una corporativa de servicios: el servidor entrega páginas ya hechas, sin base de datos ni panel expuesto. Resultado, va muy rápida, no hay casi nada que actualizar y hay muy poco que atacar. La contrapartida es que no vale para todo: en cuanto necesitas usuarios, pedidos o contenido privado, hacen falta otras piezas.
Mi criterio es aburrido a propósito: la opción con menos piezas que puedan romperse y que te deje seguir editando tú los textos. A veces eso es una web estática con un panel de edición sencillo; otras veces es WordPress bien puesto, sobre todo si ya lo tienes y lo manejas. Lo que no hago es rehacerte todo de cero cuando no hace falta.
Cuánto tarda y qué se necesita de ti
Una web corporativa bien hecha se mide en semanas, no en meses. Y lo que retrasa un proyecto casi nunca es el diseño ni la programación: son los textos y las fotos. He visto webs terminadas al noventa por ciento esperando dos meses a que llegaran cuatro fotos del local.
De ti hacen falta tres cosas: media hora larga de conversación para que yo entienda cómo vendes, el material visual (fotos reales tuyas, del equipo o del trabajo hecho), y una persona que decida. Los proyectos que se eternizan son los que van pasando por cinco opiniones distintas.
Los textos no tienes que escribirlos tú. Si quieres, perfecto; si no, los escribo yo a partir de esa conversación. Los textos que funcionan salen de cómo le explicas tu trabajo a un cliente, no de un documento en blanco a las once de la noche.
Cómo saber si tu web está funcionando
Con una métrica, y no es la que te van a enseñar en el informe: cuántos contactos buenos te llegan al mes. Visitas, «impresiones» y posiciones están muy bien, pero no pagan facturas. Una web con 300 visitas al mes que trae seis presupuestos vale más que una con 3.000 que no trae ninguno.
Para poder verlo hace falta muy poco: saber cuánta gente entra y de dónde, saber cuántos formularios se envían, y preguntar «¿cómo nos has encontrado?» a quien llama. Con eso ya sabes si el problema es que no llega gente, o que llega y no te escribe. Son dos problemas distintos y se arreglan de forma distinta: el primero es visibilidad, el segundo es la web.
Cuándo NO te compensa hacerte una web corporativa
Te lo digo porque prefiero decírtelo antes que cobrártelo. Hay tres casos en los que yo esperaría:
- Si todavía no tienes claro a quién le vendes ni qué te diferencia. Una web no arregla eso, lo amplifica.
- Si tu web actual solo necesita una reforma. A veces reorganizar la estructura, acelerarla y reescribir tres páginas da más resultado que empezar de cero, y cuesta bastante menos.
- Si el cuello de botella está en tu ficha de Google y no en la web. En muchos negocios locales, las llamadas entran por el mapa antes que por la web.
Cómo trabajo yo una web corporativa
- Llamada. Gratuita y sin compromiso. Me cuentas qué haces, quién te compra y qué te falta. Te digo si puedo ayudarte y cómo, o si creo que no soy la persona adecuada.
- Propuesta cerrada. Qué páginas, qué incluye, qué no incluye, plazo y precio. Sin ampliaciones sorpresa a mitad de camino.
- Estructura y textos. Antes de diseñar nada decidimos qué páginas hay y qué dice cada una. Es la parte que más se nota en los resultados y la que más se salta todo el mundo.
- Diseño y programación. Vas viendo la web real y decides sobre algo que puedes tocar, no sobre una descripción.
- Publicación y entrega. Se lanza, se comprueba en móvil, se deja medición puesta y te enseño a editar tus textos. La web es tuya: dominio, contenidos y accesos a tu nombre.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas páginas debe tener una web corporativa?
Las que tengas servicios, más inicio, sobre ti, contacto y las legales. Para un negocio de servicios típico salen entre seis y diez. Menos de cinco suele significar que has metido varios servicios en una misma página; más de veinte, que hay relleno.
¿La web incluye SEO?
Incluye la base técnica y la estructura: web rápida, bien organizada, con una página por servicio y los textos escritos con las palabras que busca tu cliente. Eso es lo que hace que una web pueda posicionar. Otra cosa distinta es trabajar el posicionamiento mes a mes, que es un servicio aparte y no todo el mundo lo necesita desde el principio.
¿Podré editarla yo sin llamarte cada vez?
Sí, y es parte de la entrega. Cambiar un texto, un precio, un horario o una foto tiene que poder hacerlo cualquiera desde el móvil. Lo que no te recomiendo es rediseñar páginas por tu cuenta: ahí es donde se rompen las cosas.
¿Hace falta mantenimiento?
Depende de cómo esté construida. Una web estática necesita muy poco. Una web con panel y plugins necesita revisiones periódicas sí o sí, no por capricho comercial: las webs abandonadas son las que acaban con publicidad de casinos incrustada. Te lo digo claro en la propuesta para que decidas con la información delante.
¿Y si necesito vender online más adelante?
Se puede añadir, pero no se improvisa: una tienda cambia la estructura, los textos y las obligaciones legales. Si sabes desde ya que vas a vender, mejor plantearlo desde el principio. Lo tienes explicado en la guía de tienda online y, si lo tuyo es formación, en la de academia online.
¿Trabajas solo con negocios de Tarragona?
Sobre todo con Tarragona, Reus, Salou, Cambrils, Vila-seca, La Canonja y alrededores, porque poder vernos ayuda. Pero si estás fuera y el proyecto encaja, no es problema: casi todo se hace igual de bien por videollamada.
